Pediatría - Identificar la existencia de problemas en el pie del niño

Los problemas que se presentan en los pies de los niños no tendían a considerarse como tales hasta pasados los cuatro años.

Afortunadamente, tópicos como este han quedado relegados y en la actualidad se tiende a utilizar como baremo para medir la salud podológica en los niños los datos que proceden de la observación meticulosa que realizan los padres del pie de su hijo cuando anda, corre, está de pie o está sentado y las revisiones periódicas realizadas por el especialista.

En líneas generales, los problemas que pueden presentarse en los pies durante los primeros años de vida se engloban en dos grandes grupos: Los que están presentes ya en el momento del nacimiento (patologías congénitas) y los que se desarrollan con posterioridad a este como consecuencia de la acción de agentes externo (patologías adquiridas).

Los problemas congénitos afortunadamente son muy escasos y son extremadamente raros los casos que no se diagnostican en la primera revisión neonatológica o pediátrica realizada en las horas siguientes al nacimiento. Por el contrario, las patologías adquiridas constituyen un grupo de problemas que pueden pasar inadvertidos con mayor facilidad.

Es precisamente en el diagnóstico temprano de este tipo de problemas donde juegan los padres un papel más importante. Deben observar con especial detenimiento las posiciones en las que coloca el pie su hijo cuando comienza a caminar, ya que será a partir de este momento cuando comiencen a manifestarse.

En los siguientes párrafos se describen las posiciones que adopta el pie y miembro inferior durante la marcha en diferentes etapas del desarrollo del niño, resaltando los signos y posiciones que podrían ser indicativos de la existencia de un problema en los pies.

Los niños cuando comienzan a caminar (generalmente entre los 10 y 18 meses) suelen tener una marcha muy inestable (se caen con frecuencia) y para mejorar su estabilidad suelen abrir los brazos mucho y colocar las piernas separadas y las puntas de los pies mirando hacia fuera. Durante este periodo las pierna suelen tener ligera forma de "paréntesis" (genu varo), no se aprecia arco en la región interna del pie y los talones están ligeramente volcados hacia adentro (en valgo).

No sería normal observar en este periodo:
- Las puntas de los pies hacia adentro.
- Las piernas con forma de "paréntesis" exagerada o con forma de "X" (genu valgo).
- Arco en la región interna del pie pronunciado.
- Talones volcados hacia adentro de forma muy llamativa.
- Ausencia de apoyo del talón en el suelo.

Entre el segundo y tercer año los niños han conseguido estabilizar su marcha por lo que las puntas de los pies se encuentran ligeramente mirando hacia fuera. Las piernas se encuentran con una forma de "X" (genu valgo) y a nivel de los pies comienza a observarse un arco en la región interna del pie discreto. Los talones siguen en discreto valgo.

No sería normal observar en este periodo:
- Frecuentes caídas y cansancio de piernas.
- Las puntas de los pies hacia adentro.
- Piernas en forma de "paréntesis" o con forma de "X" muy llamativa.
- Ausencia de arco en el borde interno del pie, sobre todo en niños delgados. El arco interno del pie se forma durante el periodo de vida intrauterino y durante los dos primeros años de vida no se aprecia por la grasa plantar. Esta disminuye durante el segundo año de vida dejando al descubierto el arco interno.
- Talones exageradamente volcados hacia adentro (en valgo).

A partir del cuarto año lo más destacado es que al caminar se aprecian las puntas de los pies discretamente hacia afuera, presencia de arco en la región interna del pie y talones casi rectos. Las piernas hasta los 6 años mantendrán una forma de "X" que después será muy leve, casi imperceptible, sobre todo en niños.
Los signos que deben hacernos sospechar que existe una patología del pie subyacente son iguales a los citados en el periodo que abarca el segundo y tercer año de vida.

Con independencia de la edad si se observa alguno de estos signos en el niño mientras camina, se debe acudir al especialista para que sea él quien determine la patología responsable de los signos observados e instaure el tratamiento adecuado.
No obstante, aunque no se aprecien ninguno de los signos citados, es recomendable que a partir de los dos años se acuda anualmente a revisiones para constatar que el desarrollo del pie se está realizando dentro de los cauces de normalidad.

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