Oftalmología - ¿Qué es la retinopatía diabética?

Eliminando la ceguera prevenible, más del 90% de los casos de pérdida visual por retinopatía diabética se pueden prevenir.

Los pacientes diabéticos deben saber:
- La retinopatía diabética puede producir disminución o pérdida de la visión en una gran proporción si la enfermedad no es bien controlada desde el punto de vista clínico y oftalmológico.
- La retinopatía diabética no produce síntomas hasta que está muy avanzada.
- Mantener la glucemia dentro de los límites normales previene o evita el avance de la retinopatía diabética.
- El tratamiento con láser en el momento adecuado puede evitar la ceguera hasta en el 50% de los casos.
- Es necesario hacerse el menos un examen oftalmológico anual, con estudio de fondo de ojo y la pupila dilatada.

¿Qué es el ojo?
El ojo es como una cámara fotográfica. Comparable con una cámara fotográfica, el ojo capta información sobre luces, colores y formas y las convierte en impulsos eléctricos que transmite al cerebro. Este procesa la información y los transforma en las imágenes que nosotros vemos. La capa externa del ojo, de color blanco es la esclera, que equivale al cuerpo de la cámara.
La estructura más anterior es la córnea, que es transparente y equivale a la lente de una cámara. La parte de color situada más atrás es el iris que, como el diafragma de la cámara, regula la cantidad de luz que penetra en el ojo, agrandando o disminuyendo el diámetro de la pupila. El espacio situado entre la córnea y el cristalino, que se encuentra detrás del iris, está ocupado por un líquido que recibe el nombre de humor acuoso. El cristalino funciona como una pequeña lupa, que al cambiar de forma y tamaño, enfoca la imagen sobre la retina. La retina equivale a la película de la cámara. Esta recubre por dentro la mayor parte del ojo, como si fuera el empapelado de una habitación.
La imagen se forma sobre la retina, que a su vez la transmite a través del nervio óptico hasta el cerebro, donde se procesan las señales recibidas, transformándolas en una imagen visual. La retina recibe el oxígeno y el alimento que necesita a través de los vasos sanguíneos. Una parte importante de estas necesidades es provista por las arterias y venas propias de la retina. El resto le llega a través de la coroides, una estructura comparable a una esponja de vasos sanguíneos, ubicada entre la retina y la esclera.
El interior del ojo está relleno por una sustancia gelatinosa y transparente, llamada humor vítreo. Un daño producido en cualquiera de estas estructuras puede llevar a una pérdida más o menos grave de la visión. Es importante tener en cuenta que muchas de estas estructuras se pueden reemplazar mediante técnicas quirúrgicas, como es el caso de la córnea, el cristalino y el vítreo. Pero hay otras que son irreemplazables, como es el caso de la retina y el nervio óptico. Todo el sistema de enfoque se puede arreglar o cambiar como si se tratara de la lente de una cámara, pero la película, que es la retina, no se puede cambiar.

¿Qué es la retinopatía diabética?
La retinopatía diabética es una complicación de la diabetes, la misma está causada por el deterioro de las arterias y venas que irrigan la retina y llevan el oxígeno y nutrientes que ésta necesita.
Este deterioro determina, por un lado, que se pueda filtrar líquido fuera de los vasos, produciendo un edema o hinchazón de la retina, lo que impide que ésta pueda procesar correctamente las imágenes. Por otro lado, se puede producir una escasez de oxígeno, también llamada isquemia de la retina. Esta isquemia determina que el ojo, en un intento de llevar más oxígeno a la retina, forma vasos sanguíneos nuevos, o neovasos, que son frágiles y sangran con facilidad. Los riesgos de desarrollar una retinopatía diabética aumentan a medida que la enfermedad evoluciona y dependen en gran parte del control de la glucemia. Hasta el 80% de los diabéticos desarrollan algún grado de retinopatía luego de 15 años de evolución de la enfermedad.

Evolución de la retinopatía
En la etapa inicial de la retinopatía, también llamada retinopatía diabética no proliferativa, los vasos sanguíneos dentro de la retina sufren daños que llevan a la pérdida de líquido, como si se tratara de tuberías en mal estado. Como el líquido que llevan los vasos consiste en sangre y suero, esta filtración de líquidos se visualiza como edema de la retina y hemorragias pequeñas. Con frecuencia este edema se forma en la mácula, que es la zona central de la retina, con la cual se distinguen detalles como las letras. Este edema macular dificulta la lectura y el desempeño de labores delicadas que requieren una buena visión. En una etapa más tardía de la evolución, llamada retinopatía diabética proliferativa, se produce el crecimiento o proliferación de los neovasos sobre la superficie de la retina, hacia el humor vítreo. Cuando el vítreo se separa de la retina, lo que ocurre más frecuente y tempranamente en los diabéticos que en la población normal, éste tracciona los neovasos, que sangran dentro o debajo del vítreo. Esta hemorragia puede obstaculizar total o parcialmente la visión. Más adelante, la tracción puede aumentar, separando la retina de la pared ocular, lo que produce un desprendimiento de la retina, con pérdida de la visión, que se hará irreversible si no se realiza una intervención quirúrgica. También pueden crecer neovasos sobre el iris, ocasionando un aumento severo de la presión del ojo, llamado glaucoma neovascular.

¿Puede evitarse la retinopatía diabética?
Con control estricto de la glucemia, la aparición o el avance de la retinopatía disminuye hasta en un 80%.
Si bien la mayoría de los pacientes diabéticos desarrollará algún grado de retinopatía luego de 15 ó 20 años de evolución de su enfermedad, se ha comprobado de forma indiscutible que si se controla estrictamente la glucemia, manteniendo sus niveles lo más cerca posible de los límites normales, se disminuye notablemente la aparición y la posterior evolución de la retinopatía.
También se ha demostrado que, aunque no se logre llevar la glucemia a niveles normales, cuanto más baja sea ésta, menor será el número de complicaciones y, por consiguiente, la posibilidad de pérdida de la visión.
Los desequilibrios clínicos, como la hipertensión arterial, la falla de la función renal, el aumento de los triglicéridos y el colesterol, pueden empeorar y acelerar la evolución de la retinopatía.
El embarazo también puede acelerar la retinopatía, por eso, se recomienda un control más estricto, tanto desde el punto de vista clínico como oftalmológico.

¿Cómo se estudia la retinopatía diabética?
La retinopatía diabética puede estar presente sin que el paciente padezca síntoma alguno, el control debe ser preventivo.
Los pacientes diabéticos deben someterse a exámenes oftalmológicos periódicos, con estudio del fondo de ojo, o sea de la retina.
Este examen debe llevarse a cabo por lo menos una vez al año, si el paciente no padece retinopatía o si ésta es de grado leve. En caso de tratarse de una retinopatía más avanzada, será el oftalmólogo quien determine la frecuencia del examen.
El examen de fondo de ojo debe realizarse con la pupila dilatada y con los instrumentos adecuados.
Sobre la base de los resultados de este examen, se determinará la necesidad de otros estudios, la frecuencia de los controles y la necesidad o no de tratamiento.
El algunos casos el oftalmólogo necesita obtener fotografías en color de la retina, o hace un estudio llamado angiografía con fluoresceína, para determinar el estado de la retinopatía.
Durante este estudio se inyecta en una vena del brazo del paciente un colorante llamado fluoresceína, luego se obtienen fotografías que muestran con gran detalle el estado de los vasos de la retina.
Cuando debido a la presencia de una catarata o una hemorragia no se puede ver el fondo de ojo, se puede realizar una ecografía ocular, que nos informará en qué estado está la retina y si se puede esperar o se debe practicar una intervención quirúrgica.

¿Cómo se trata la retinopatía diabética?
Con un tratamiento de láser aplicado en el momento adecuado, disminuyen en un 50% los casos de ceguera.
En la mayoría de los casos, el tratamiento no es necesario, pero ésto sólo lo puede determinar el oftalmólogo mediante los exámenes apropiados. Estos tratamientos son utilizados para tratar de detener la enfermedad, pero no para recuperar la visión. Por este motivo, es fundamental el hecho de diagnosticar a tiempo la necesidad de tratamiento, antes de llegar a una pérdida grave de la visión.

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