|
¿Qué es
el ojo?
El ojo es como una cámara fotográfica. Comparable con una
cámara fotográfica, el ojo capta información sobre
luces, colores y formas y las convierte en impulsos eléctricos
que transmite al cerebro. Este procesa la información y los transforma
en las imágenes que nosotros vemos. La capa externa del ojo, de
color blanco es la esclera, que equivale al cuerpo de la cámara.
La estructura más anterior es la córnea, que es transparente
y equivale a la lente de una cámara. La parte de color situada
más atrás es el iris que, como el diafragma de la cámara,
regula la cantidad de luz que penetra en el ojo, agrandando o disminuyendo
el diámetro de la pupila. El espacio situado entre la córnea
y el cristalino, que se encuentra detrás del iris, está
ocupado por un líquido que recibe el nombre de humor acuoso. El
cristalino funciona como una pequeña lupa, que al cambiar de forma
y tamaño, enfoca la imagen sobre la retina. La retina equivale
a la película de la cámara. Esta recubre por dentro la mayor
parte del ojo, como si fuera el empapelado de una habitación.
La imagen se forma sobre la retina, que a su vez la transmite a través
del nervio óptico hasta el cerebro, donde se procesan las señales
recibidas, transformándolas en una imagen visual. La retina recibe
el oxígeno y el alimento que necesita a través de los vasos
sanguíneos. Una parte importante de estas necesidades es provista
por las arterias y venas propias de la retina. El resto le llega a través
de la coroides, una estructura comparable a una esponja de vasos sanguíneos,
ubicada entre la retina y la esclera.
El interior del ojo está relleno por una sustancia gelatinosa y
transparente, llamada humor vítreo. Un daño producido en
cualquiera de estas estructuras puede llevar a una pérdida más
o menos grave de la visión. Es importante tener en cuenta que muchas
de estas estructuras se pueden reemplazar mediante técnicas quirúrgicas,
como es el caso de la córnea, el cristalino y el vítreo.
Pero hay otras que son irreemplazables, como es el caso de la retina y
el nervio óptico. Todo el sistema de enfoque se puede arreglar
o cambiar como si se tratara de la lente de una cámara, pero la
película, que es la retina, no se puede cambiar.
¿Qué
es la retinopatía diabética?
La retinopatía diabética es una complicación de la
diabetes, la misma está causada por el deterioro de las arterias
y venas que irrigan la retina y llevan el oxígeno y nutrientes
que ésta necesita.
Este deterioro determina, por un lado, que se pueda filtrar líquido
fuera de los vasos, produciendo un edema o hinchazón de la retina,
lo que impide que ésta pueda procesar correctamente las imágenes.
Por otro lado, se puede producir una escasez de oxígeno, también
llamada isquemia de la retina. Esta isquemia determina que el ojo, en
un intento de llevar más oxígeno a la retina, forma vasos
sanguíneos nuevos, o neovasos, que son frágiles y sangran
con facilidad. Los riesgos de desarrollar una retinopatía diabética
aumentan a medida que la enfermedad evoluciona y dependen en gran parte
del control de la glucemia. Hasta el 80% de los diabéticos desarrollan
algún grado de retinopatía luego de 15 años de evolución
de la enfermedad.
Evolución
de la retinopatía
En la etapa inicial de la retinopatía, también llamada retinopatía
diabética no proliferativa, los vasos sanguíneos dentro
de la retina sufren daños que llevan a la pérdida de líquido,
como si se tratara de tuberías en mal estado. Como el líquido
que llevan los vasos consiste en sangre y suero, esta filtración
de líquidos se visualiza como edema de la retina y hemorragias
pequeñas. Con frecuencia este edema se forma en la mácula,
que es la zona central de la retina, con la cual se distinguen detalles
como las letras. Este edema macular dificulta la lectura y el desempeño
de labores delicadas que requieren una buena visión. En una etapa
más tardía de la evolución, llamada retinopatía
diabética proliferativa, se produce el crecimiento o proliferación
de los neovasos sobre la superficie de la retina, hacia el humor vítreo.
Cuando el vítreo se separa de la retina, lo que ocurre más
frecuente y tempranamente en los diabéticos que en la población
normal, éste tracciona los neovasos, que sangran dentro o debajo
del vítreo. Esta hemorragia puede obstaculizar total o parcialmente
la visión. Más adelante, la tracción puede aumentar,
separando la retina de la pared ocular, lo que produce un desprendimiento
de la retina, con pérdida de la visión, que se hará
irreversible si no se realiza una intervención quirúrgica.
También pueden crecer neovasos sobre el iris, ocasionando un aumento
severo de la presión del ojo, llamado glaucoma neovascular.
¿Puede evitarse
la retinopatía diabética?
Con control estricto de la glucemia, la aparición o el avance de
la retinopatía disminuye hasta en un 80%.
Si bien la mayoría de los pacientes diabéticos desarrollará
algún grado de retinopatía luego de 15 ó 20 años
de evolución de su enfermedad, se ha comprobado de forma indiscutible
que si se controla estrictamente la glucemia, manteniendo sus niveles
lo más cerca posible de los límites normales, se disminuye
notablemente la aparición y la posterior evolución de la
retinopatía.
También se ha demostrado que, aunque no se logre llevar la glucemia
a niveles normales, cuanto más baja sea ésta, menor será
el número de complicaciones y, por consiguiente, la posibilidad
de pérdida de la visión.
Los desequilibrios clínicos, como la hipertensión arterial,
la falla de la función renal, el aumento de los triglicéridos
y el colesterol, pueden empeorar y acelerar la evolución de la
retinopatía.
El embarazo también puede acelerar la retinopatía, por eso,
se recomienda un control más estricto, tanto desde el punto de
vista clínico como oftalmológico.
¿Cómo
se estudia la retinopatía diabética?
La retinopatía diabética puede estar presente sin que el
paciente padezca síntoma alguno, el control debe ser preventivo.
Los pacientes diabéticos deben someterse a exámenes oftalmológicos
periódicos, con estudio del fondo de ojo, o sea de la retina.
Este examen debe llevarse a cabo por lo menos una vez al año, si
el paciente no padece retinopatía o si ésta es de grado
leve. En caso de tratarse de una retinopatía más avanzada,
será el oftalmólogo quien determine la frecuencia del examen.
El examen de fondo de ojo debe realizarse con la pupila dilatada y con
los instrumentos adecuados.
Sobre la base de los resultados de este examen, se determinará
la necesidad de otros estudios, la frecuencia de los controles y la necesidad
o no de tratamiento.
El algunos casos el oftalmólogo necesita obtener fotografías
en color de la retina, o hace un estudio llamado angiografía con
fluoresceína, para determinar el estado de la retinopatía.
Durante este estudio se inyecta en una vena del brazo del paciente un
colorante llamado fluoresceína, luego se obtienen fotografías
que muestran con gran detalle el estado de los vasos de la retina.
Cuando debido a la presencia de una catarata o una hemorragia no se puede
ver el fondo de ojo, se puede realizar una ecografía ocular, que
nos informará en qué estado está la retina y si se
puede esperar o se debe practicar una intervención quirúrgica.
|