- Centro Internacional de Retinosis Pigmentaria "Camilo Cienfuegos" -

Ofrece un tratamiento, creado en Cuba, único en el mundo, para una de las Patologías mal considerada hasta nuestros días, intratable: la Retinosis Pigmentaria (Retinitis Pigmentaria) o Ceguera Nocturna, afección hereditaria y degenerativa capaz de conducir a la pérdida total de la visión.

Científicos Cubanos, con más de cuarenta años de experiencia y estudio en la Investigación de las posibilidades terapéuticas de este cruel padecimiento, aplican un tratamiento que ha permitido detener el progreso de la enfermedad.

En más de los 10 000 casos atendidos, el 78% detuvieron el progreso de la enfermedad; mejoraron, un 16%, al ampliar el campo y la agudeza visual. Solo en un 6% de los casos, no obtuvo resultados satisfactorios.

En el Centro se tratan además, otras enfermedades Distróficas Retinianas, Enfermedades Oculares asociadas a la Retinosis Pigmentaria, así como Cataratas, Glaucoma, Miopías y otras Ametropías, Enfermedades de la mácula, etc.

Un Staf Médico en Especialidades de Medicina Interna, Pediatría, Estomatología, Anestesiología, Ginecología y Psicología, garantizan el cumplimiento eficaz de los Programas de atención médica.

Este Centro dispone de 70 habitaciones individuales, dotadas de todo el confort de una Institución Médica.

¿Que es la Retinosis Pigmentaria?

La Retinitis Pigmentosa o Retinosis Pigmentaria (R.P), define un conjunto de anomalías hereditarias que de manera primaria, difusa y progresiva afecta la función de las células fotorreceptoras y del epitelio pigmentario.

Esta entidad, se caracteriza fundamentalmente por dificultad para la visión nocturna, afectación progresiva del campo visual (CV) y de la agudeza visual (AV). Estos hallazgos se acompañan de lesiones epiteliales pigmentadas, cambios de coloración de la papila hacia la palidez y distintos grados de estrechez vascular acompañados de un registro electrorretinográfico plano o subnormal. Su prevalencia aproximada es de 1 por cada 5000 habitantes aproximadamente; más frecuente en el hombre que en la mujer y con una edad de comienzo variable; aunque usualmente alrededor de los 15 años.

Se ha clasificado según los fundamentales patrones mendelianos de herencia en: Retinosis Pigmentaria autosómica dominante, autosómica recesiva, ligada al cromosoma X y simple o no definida para aquellos casos en que por diversas razones no puede definirse en las categorías anteriores.

Según su caracterización electrorretinográfica, Psicofísicas y por reflectometría se aceptan dos tipos fundamentales de RP en la forma autosómica dominante: los patrones difuso y regional de los doctores Massof y Finkelstein ó I y II de Fishman.

Manejo del paciente con RP:
En cuanto a un posible tratamiento de la Retinosis Pigmentaria han existido históricamente divergencias entre las posibles alternativas, desde aquellos que niegan todo tipo de terapéutica, los que consideran la utilidad de determinado tipo de medicamento ó proceder como los Dres. Filatov y Berson entre otros, los que preconizan la terapéutica quirúrgica tanto en el ámbito clínico como experimental, entre las que se mencionan: la extirpación del ganglio estelar, la hipofisectomía, la implantación de fibras musculares, la inclusión de tejido placentario y aloplantes, la descompresión del nervio óptico y el trasplante de las células del epitelio pigmentario entre otras, hasta los que solo recomiendan el uso de los cristales protectores de las radiaciones solares nocivas, y por último el uso de la terapia génica.

El daño génico conduce a cambios diversos en diferentes estructuras y procesos visuales, cuyas interrelaciones no han sido totalmente definidas en el presente, incluso de cómo estos cambios llegan a producir las alteraciones de los fotorreceptores que llevan a su degeneración y muerte.

Desde hace tiempo llamaron la atención los cambios vasculares que se encuentran en la RP, los que se correlacionan con el grado de afectación funcional en la enfermedad.

Entre estos cambios se destacan el estrechamiento de la luz de las arteriolas retinales por hiperplasia de la íntima y el daño de los vasos coroideos. Otros científicos, entre ellos Wagenmann, han encontrado que la ligadura de las arterias ciliares cortas posteriores causa un cuadro clínico similar al de la Retinosis Pigmentaria. Weistein y cols. Plantearon que anomalías vasculares coroideas o retinales estarían presentes como substrato en la RP.

Hemos coincidido con estos autores al demostrar que existen alteraciones de la hemodinámica ocular expresadas en tiempos prolongados en la circulación brazo retina que se correlacionan con el estadio clínico de la enfermedad, así como alteraciones en los valores de velocidad circulatoria media de la arteria Oftálmica medida por Doppler ultrasónico.

Con investigaciones más recientes del funcionamiento del sistema circulatorio ocular en sujetos sanos y en enfermos con RP, se ha llegado a conocer que éstas alteraciones no constituyen la causa del trastorno, sino que desempeñan un papel secundario en estos, consecuencia, mediante diversos mecanismos, de las profundas alteraciones Retinianas producidas por el proceso distrófico. De lo anterior se infiere que aunque los trastornos circulatorios no constituyen la causa primaria, pueden jugar un papel importante en el empeoramiento de los cambios iniciados por las alteraciones determinadas genéticamente, entorpeciendo el desempeño de células, que aunque portadoras de los trastornos ocasionados por los cambios en el mensaje genético, sean aún en diversa medida funcional.

Existen amplias referencias en la bibliografía, entre las que se destacan los trabajos realizados por el Profesor Goldsmith y colaboradores, con relación al uso del omentum humano y otros tejidos en cirugías rehabilitadoras. Con respecto al omentum se destacan sus propiedades de formación de neovasos por mecanismos esclarecidos en gran medida.

Se conocen además sus propiedades como estimulador directo o indirecto de la actividad nerviosa superior, a través de sustancias (factores de crecimiento), que promueven el desarrollo de conexiones dendríticas y axonales con la recuperación de funciones de tejidos neurales sometidos de forma aguda o crónica a la isquemia. Los antecedentes reportan su uso mediante implantes pedículados a gran distancia en SNC e incluso coroides.

Estas investigaciones también se basan en propiedades del SNC en estudio en la actualidad. Tal es el caso de la Teoría de la Neuroplasticidad según la cual zonas de células no funcionales por daños de diversa naturaleza pueden, en determinado momento, si se propician las condiciones para su funcionamiento, restablecer al menos parcialmente sus funciones, así como suplir en cierta medida las funciones de grupos celulares irreversiblemente dañados.

Se consideró que una terapéutica dirigida a mejorar el flujo sanguíneo en los tejidos oculares debía contribuir a mejorar el metabolismo al nivel de coroides, del epitelio pigmentario y de los fotorreceptores, no descartando la posible influencia de otros factores.

La posibilidad de formación de anastomosis de vasos normales con la circulación coriocapilar y la conexión de esta última con el circuito de la arteria central de la retina a través de conocidas anastomosis, nos motivó el estudio de un tejido similar al omentum que potencialmente lograría dicho objetivo. Resultó que queda más al alcance del cirujano ocular el tejido graso orbitario, su estructura fibrosa envolvente y tractos por lo que se estudiaron las posibles semejanzas entre ambos. De ello resultó que existían similitudes estructurales entre ellos dadas por presentar semejante patrón vascular en el tejido adiposo, aunque no existen células mesoteliales.

Se realizaron estudios en animales de experimentación en los que, por su accesibilidad a la observación se colocó tejido periorbitario autólogo en cámara anterior, tejido subconjuntival y córnea, usándose como control el ojo adelfo. Los implantes mantuvieron su vascularidad inicial y existió un aumento de la misma, lo que guardaba relación directa con el tiempo transcurrido después de la intervención También se implantó el tejido graso periorbitario intraescleralmente en un Grupo de 10 perros Beagles, los que por las características histomorfológicas de la retina y de la coroides, facilitaban la valoración de los resultados. Se controlaron preoperatoriamente las respuestas del ERG y el estado del fondo de ojo. Se hicieron las evaluaciones diarias por una semana y luego con una periodicidad semanal por un año.

Se Hicieron sacrificios cada 3 meses para el análisis histomorfológico mediante Microscopía de luz y electrónica, auxiliados de sistema computarizado de procesamiento de imágenes MADID.

De dicho estudio resultó que no existieron cambios en los patrones electrorretinográficos ni en el fondo de ojo. En la coroides se observó un aumento significativo en el grosor de esta cuando se comparó con los ojos controles con proliferación de una amplia red capilar con abundantes pericitos, sin cambios endoteliales de interés. En la retina no se observaron cambios.

Estos estudios precedieron y motivaron el desarrollo de la técnica que a continuación presentamos.

Descripción de la técnica quirúrgica:

Se trata de una cirugía "revitalizadora" del ojo consistente en un transplante del tejido adiposo vascular orbitario, de forma pediculada, que situamos en el espacio supracoroideo y que por un mecanismo de Angiogénesis contribuye a mejorar la función de los fotorreceptores aún activos.

1. Incisión de la Conjuntiva: Abarcará aproximadamente 90° del cuadrante seleccionado. En algunos pacientes puede ser mayor.
2. Identificación y fijación de los músculos correspondientes.
3. Posición quirúrgica del ojo. Para lograr ésta se mueven los extremos de los hilos de seda de forma cruzada. En un ángulo aproximado de 60°.
4. Se realiza hemostasia.
5. Esclerotomía. Se realiza Esclerotomía no Perforante en una línea paralela al limbo.
6. Microincisiones. Con el bisturí en posición vertical se realizan Microincisiones en el lecho supracoroideo que deben ser paralelas entre sí y cruzarse oblicuamente para crear un enrejado.
7. Identificación del tejido adiposo orbitario, selección y disección del fragmento a injertar. En relación directa con el bulbo del ojo y en dirección posterior se encuentra el tejido adiposo orbitario del cual por disección se obtiene un fragmento pediculado que se trasplanta al lecho esclerocoroideo por medio de suturas.
8. Se extiende el flap escleral cubriendo el injerto y se cierra la Esclerotomía con puntos sueltos de seda 7/0.
9. Posteriormente se sutura conjuntiva mediante surjet con seda 7/0 u 8/0.

En esta cirugía pueden hipotéticamente presentarse todas las complicaciones de la cirugía ocular.

Indicaciones :
La técnica se indica cuando existe una pérdida importante del campo visual en pacientes con diagnóstico de RP, por encima de lo esperado anualmente, es decir de aproximadamente un 4%; ó cuando existan restricciones del campo visual mayores de un 20%. También en casos en que ya exista afectación central asociada a pérdidas periféricas, determinada por pérdida de la agudeza visual en 4 líneas de la cartilla de Snellen.

Contraindicaciones:
1. Operados de desprendimiento de retina que obstaculice la realización de la misma.
2. Estafilomas que por su extensión ó grado de adelgazamiento ponga en riesgo la realización de la cirugía.
3. Uveítis activas o recidivantes de cualquier localización anatómica.
4. Otras operaciones oculares que por obvios motivos entorpezcan la realización de la cirugía, tales como implantes, etc.
5. Niños menores de 8 años de edad o con biometrías de 23mm ó menos.
6. Pacientes con hemorragias vítreas o sus secuelas.
7. Estados inflamatorios de cualquiera de las envolturas oculares.
8. Pacientes con enfermedades sistémicas de importancia, que comprometan el resultado de cualquier cirugía ocular, por ejemplo estados inmunodeficientes, etc.

Resultados:
La objetivización de los resultados de tratamientos en enfermedades degenerativas o distróficas de la retina es una tarea difícil por la que han pasado numerosos investigadores. Dependían de pruebas psicofísicas para demostrar los presuntos cambios que se producirían después del tratamiento con sus conocidas limitaciones, toda vez que resulta muy difícil cuando no imposible demostrar mediante otro test más objetivo, como sería el uso del ERG. Este test depende de la respuesta masiva de un sin número de células, por lo que el beneficio parcial a un porciento de ellas puede no ser evidente. Estas pruebas, además, no están exentas de errores.

Requería además controlar todas las variables que pueden influir en la valoración de los resultados dificultan estos estudios así como realizarlos en un número considerable de enfermos. Preocupados muchos científicos por la falta de estos parámetros valorativos, se dieron a la tarea de estudiar el comportamiento natural de la enfermedad, para así tener un patrón comparativo lo más completo posible a la hora de evaluar la evolución de un paciente determinado, o la efectividad de un tratamiento potencial.

Aquí nos referimos brevemente a los resultados de un estudio que incluyó 65 enfermos operados quienes comparamos con la evolución natural esperada en tres años de seguimiento. Se utilizó como parámetro evaluativo el estudio del campo visual mediante Perimetría cinética de Goldmann y estímulos V-4e cuyos resultados se procesaron en programa de análisis computarizado de sus áreas con una variabilidad aceptada intervisitas del 15%.

Del análisis comparativo de 130 perimetrías resultó que un 43.84% de las mismas mostraron mejoría al compararse evolutivamente después de realizada la cirugía, un 46.92% permanecieron estables y un 9.3% empeoraron. En comparación con la evolución natural esperada se observó una diferencia del 27.84% al compararse la mejoría espontánea de la que sigue al tratamiento quirúrgico. Cuando se comparó el Grupo que se mantuvo estable vemos que la diferencia creada con la evolución natural favoreció a esta última en un 16.08%.

Lo anterior se debe a que de este Grupo pasaron hacia el Grupo de mejoría un cierto número de ojos. Algo parecido sucedió al analizar el empeoramiento, en el que de un 21% que empeoraban como parte de su evolución natural se encontró, que después de la cirugía sólo un 9.23% empeoró. Predominaron, entre aquellos pacientes que empeoraron, aquellos en estadíos evolutivos más avanzados. Las diferencias encontradas fueron estadísticamente significativas.

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